Rodrigo Díaz de Vivar, “El Cid”

Nacimiento: Alrededor de 1048, Vivar (actual Vivar del Cid), Burgos.
Muerte: 10 de julio de 1099, Valencia.

BREVE HISTORIA:
La vida de Rodrigo Díaz de Vivar, que entraría en la historia bajo el sobrenombre de “El Cid” (del árabe dialectal sidi, señor), transcurre en la delgada línea que separa realidad y leyenda. Nacido en un pequeño pueblo de Castilla, entró pronto en la corte de Fernando I, llegando a convertirse en alférez de su hijo y heredero Sancho. Guerrero hábil y líder innato, el Cid alcanzó un prestigio militar sin precedentes, ganándose el apodo de Campeador por sus innumerables victorias en batalla. Después de la muerte de Sancho II, fue desterrado por su hermano Alfonso VI. Huyendo de la tierra a la que tanta gloria había dado, Rodrigo recorrió toda la Península poniéndose al servicio de distintos monarcas de la época. Su mayor hazaña fue la toma de Valencia de manos musulmanas, instaurando un señorío independiente gobernado por sí mismo en la ciudad del Turia. Tras una vida quijotesca, el que en buena hora ciñó espada muere en el año 1099, aunque, según la tradición popular, ni la muerte pudo evitar que el Cid Campeador venciera a los almorávides en una última batalla por la defensa de Valencia. Sus proezas inspiraron el Cantar del mío Cid, uno de los cantares de gesta más antiguos e importantes de la historia occidental.

CANTAR DE MIO CID EN CASTELLANO MODERNO

El Cid entra en Burgos
Ya por la ciudad de Burgos el Cid Ruy Díaz entró.
Sesenta pendones lleva detrás el Campeador.
Todos salían a verle, niño, mujer y varón,
a las ventanas de Burgos mucha gente se asomó.
¡Cuántos ojos que lloraban de grande que era el dolor!
Y de los labios de todos sale la misma razón:
«¡Qué buen vasallo sería si tuviese buen señor!»

ROMANCE DE LA JURA DE SANTA GADEA

En Santa Gadea de Burgos,
do juran los hijosdalgo,
le toman la jura a Alfonso
por la muerte de su hermano.
Se la tomaba el buen Cid,
ese buen Cid castellano,
sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo
y con unos evangelios
y un crucifijo en la mano
Las palabras son tan fuertes
que al buen rey ponen espanto:
– Villanos te maten, rey,
villanos que no hidalgos,
de las Asturias de Oviedo,
que no sean castellanos;
mátente con aguijadas,
no con lanzas ni con dardos;
con cuchillos cachicuernos,
no con puñales dorados;
abarcas traigan calzadas,
que no zapatos con lazo;
con camisones de estopa,
no de holanda ni labrados;
montados vengan en burras,
que no en mulas ni caballos;
traigan las riendas de cuerda,
no de cueros fogueados;
mátente por las aradas,
que no en villas ni en poblado,
y sáquente el corazón
por el siniestro costado
si no dices la verdad
de lo que te es preguntado:
si tú fuiste o consentiste
en la muerte de tu hermano.
Las juras eran tan fuertes
que el rey no las ha otorgado.
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